Un legado sorprendente

Una construcción inesperada, que parece haber sido trasladada desde un barrio residencial del XIX de cualquier gran capital europea, con un estilo original y propio.

Su construcción en 1888 la sitúa en pleno auge de la época modernista, años de sensibilidad artística irrepetible. Un edificio donde se respira creatividad, libertad, sensualidad y un refinamiento únicos.

Una singular “casa de indiano” que se construyó compaginando funcionalidad y belleza, con un fuerte componente ornamental inspirado en la naturaleza.

Esteban Ancil, tras unos años en Cuba regresó a su pueblo natal y encargó construir este edificio con todo el lujo y refinamiento de la época.

Tras varias décadas cerrada y tras una profunda rehabilitación, Villa Clementina, re-bautiza a la originaria Villa Lónguida, en honor a Clementina Redin, sobrina-nieta de Esteban Ancil.

Durante los años 2009 y 2010 los hermanos Oiza-Redin recuperan este edificio familiar para convertirlo en un Hotel único en Navarra.

Esteban Ancil (1845-1893)

Un navarro aventurero y emprendedor tocado por la suerte y la fortuna.

Benefactor de numerosas obras sociales, destacando la construcción de la escuela de enseñanza primaria en Murillo de Lónguida y la donación de una barca de salvamento para la ciudad de Vilanova i la Geltrú.

estilo fin de siecle